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jueves, 9 de febrero de 2012

Alonso de Ojeda



(Cuenca, 1466 - Santo Domingo, 1515 o 1516) Navegante y conquistador español. Fue uno de los primeros conquistadores de América, así como el primer gran descubridor español, después de Colón.
Acompañó al almirante en su segundo viaje y participó activamente en el descubrimiento de oro y en las primeras acciones para dominar los indígenas de la isla Española. Posteriormente fue descubridor de la costa venezolana y colombiana, fundador de Santa Cruz, primer emplazamiento español en Suramérica y gobernador de Urabá, una de las primeras gobernaciones de Tierrafirme, de la que se desglosó la fundación de Santa María la Antigua del Darién.
Aunque nació en Cuenca, era oriundo de Hojeda, cerca de Oña, en la merindad de Bureba. Perteneció en una familia noble y fue paje y criado del duque de Medinaceli don Luis de la Cerda, en cuya casa conoció quizá a Cristóbal Colón, cuando éste vino a España. Participó en la toma de Granada, donde dejó constancia de sus dotes militares, de su destreza como espadachín y de su audacia.
Protegido por el obispo Juan Rodríguez de Fonseca, fue puesto al frente de una de las naves del segundo viaje de Colón en 1493. Al llegar a la isla de Guadalupe, Colón le confió la búsqueda del veedor Diego Márquez, que se había perdido al internarse con otros ocho compañeros. Una vez en la Española, Colón le mandó explorar la región de Cibao, en el interior (enero de 1494), donde Ojeda obtuvo las primeras muestras del oro de Indias, enviadas por Colón a los Reyes Católicos junto con un memorial donde ensalzaba la riqueza de las islas descubiertas.
Poco después se le dio otra misión importante como fue la de socorrer al capitán Margarit, que estaba sitiado en la fortaleza de Santo Tomás (erigida en Cibao) por las huestes del cacique Caonabó. Ojeda corrió en auxilio del capitán pero quedó sitiado a su vez, hasta que pudieron salvarle nuevos refuerzos venidos de la Isabela con Colón y su hermano Bartolomé.
Más tarde las tropas de Caonabó pusieron cerco a la Isabela y Ojeda decidió capturar al Cacique. Marchó a la provincia de Maguana, donde vivía, y durante la entrevista que mantuvieron, Ojeda le ofreció como regalo unos grilletes de latón. Cuando el Cacique se vio inmovilizado, le subió a su caballo, lo raptó y se lo llevó ante la mirada de Colón. Luego derrotó a otro hermano de Caonabó, por lo que se le premió con seis leguas de terreno en Maguana.
Ojeda estuvo en la Española hasta fines de 1498, momento en que se enemistó con Colón y regresó a España. Fue a la Corte y se entrevistó con el Obispo Fonseca, que le pidió comprobar lo descubierto por Colón en su tercer viaje. Se le autorizó así a realizar el primer viaje de descubrimiento tras los colombinos. Con patente del Obispo partió del puerto de Santa María hacia el 18 de mayo de 1499. Llevaba una sola carabela y le acompañaban el cosmógrafo Juan de la Cosa y Américo Vespucio, que hacía entonces su primer viaje al Nuevo Mundo.
Costeó África (donde se apoderó de una carabela de Huelva), pasó a Canarias y finalmente siguió la ruta del tercer viaje colombino para arribar a la costa suramericana por la Guayana venezolana. Desde aquí subió a la isla de Trinidad y península de Paria, donde había estado antes el Almirante. A partir de aquí realizó su verdadero descubrimiento; toda la costa de Venezuela hasta Maracaibo, donde los españoles hallaron unas viviendas lacustres que a Vespucio le recordaba a Venecia, y por ello bautizaron el lugar como Venecia Chica o Venezuela. Prosiguieron luego por la península de la Guajira (territorio actualmente colombiano), que los indios llamaban Chichibacoa o Coquibacoa, hasta cerca de un Cabo que les pareció desde lejos “vela de navío”. Era el cabo de la Vela, al que no arribaron ya que antes de alcanzarlo enderezaron rumbo hacia la isla Española y atracaron en puerto Yáquimo el 5 de septiembre de 1499.
Allí cargaron palo tintóreo y encontraron a Francisco Roldán, alcalde de Santo Domingo reconciliado con Colón después de su rebelión. El funcionario pidió el permiso para hacer descubrimientos y Ojeda se lo mostró. El resto del viaje carece de interés; cargaron esclavos en las Lucayas y arribaron a Cádiz a mediados de junio del año 1500. Los resultados de estos descubrimientos (toda la costa venezolana y parte de la atlántica oriental colombiana) se consignaron en el famoso mapa de Juan de la Cosa, elaborado el año 1500.

Ojeda fue nombrado Gobernador de Coquibacoa el 8 de junio de 1501 y organizó una expedición colonizadora con dos socios llamados Juan de Vergara y García de Ocampo. Partió en enero de 1502 con cuatro navíos y repitió la ruta anterior. Al llegar a Coro, que denominó Valfermoso, mandó a Vergara por víveres a Jamaica y continuó hacia un puerto que llamó Santa Cruz, posiblemente Bahía Honda, en la zona colombiana de la península de la Guajira. Aquí construyó un fuerte, que fue el primer establecimiento español en Suramérica.
El descontento por la falta de víveres y por las adversas condiciones canalizaron una gran hostilidad hacia el Gobernador. Cuando llegó Vergara se concertó con Ocampo para destituir a Ojeda, que fue apresado (mayo o junio) y por consiguiente, despoblado el lugar. Resultado de esto fue un pleito en la isla Española entre Ojeda y sus socios del que salió absuelto el primero en 1503.
En 1508 se celebró la famosa Junta de Burgos en la que se acordó la colonización de Tierrafirme, dividida en dos gobernaciones, la de Veragua y Urabá. La última de estas le correspondió a Ojeda y era la actual costa colombiana comprendida entre el Cabo de la Vela y el golfo de Urabá. Reunió cuatro barcos y 220 hombres y partió de Santo Domingo el 10 de noviembre de 1509 en compañía de Juan de la Cosa y dejó en la isla a su socio el cosmógrafo Martín Fernández de Enciso para que reclutara más hombres.
Desembarcó en las proximidades de Cartagena, donde leyó a los indios el famoso “Requerimiento” y se internó hasta el poblado de Turbaco. Cuando los españoles estaban ocupados en saquear las viviendas vacías de los naturales aparecieron los guerreros, que ocasionaron una gran mortandad. Entre las víctimas estuvo el cosmógrafo Juan de la Cosa, que fue capturado y asaeteado. Ojeda logró escapar y alcanzó la playa, donde apareció Diego de Nicuesa, que se dirigía hacia su gobernación de Veragua. Se unió a Ojeda en la represalia y luego siguió su camino.
Ojeda continuó también por la costa de su gobernación con dirección hacia occidente en busca de un lugar para fundar. Creyó encontrarlo en el Golfo de Urabá, donde erigió San Sebastián de Urabá, un simple fuerte, en realidad. El lugar era insalubre y enfermaron muchos hombres, pero más grave era que los indios usaban flechas envenenadas con curare, que producían la muerte casi instantánea a quienes eran heridos. El propio Ojeda fue herido en una pierna aunque pudo salvar su vida tras obligar al cirujano a que aplicara sobre su herida dos planchas al rojo vivo. Para contener la hemorragia fue necesario gastar una pipa de vinagre.
Ante la terrible situación existente y en vista de que no llegaba el esperado refuerzo de Fernández de Enciso, Ojeda decidió aprovechar la aparición de una nave en Urabá para ir a la Española en busca de víveres e implementos. Dejó a los pobladores de San Sebastián bajo el mando de un oscuro teniente llamado Francisco Pizarro (futuro conquistador del Perú) con órdenes de actuar como creyera oportuno si no había regresado en un plazo de 50 días y embarcó rumbo a la Española.
La nave iba llena de bandidos que, dirigidos por Bernardino de Talavera, decidieron ir a Cuba, en vez de Santo Domingo, para eludir la justicia. Allí naufragaron y cruzaron a pie la isla hasta el Oriente, donde fueron acogidos por los indios (posiblemente donde ahora está Santiago). Desde allí se pidió ayuda al gobernador de Jamaica, Juan de Esquivel, que envió una nave con Pánfilo de Narváez. Se ejecutó a Talavera y a sus seguidores y Ojeda fue hasta Santo Domingo. La miseria en que se encontraba le impidió comprar con presteza lo necesario para reforzar sus hombres de San Sebastián. Ojeda vivió en Santo Domingo hasta el año 1516 y mandó que le enterraran a la entrada de la iglesia de San Francisco.
En cuanto a la hueste de San Sebastián, partió bajo el mando de Pizarro al cumplirse los 50 días y encontró cerca de Cartagena el refuerzo de Fernández de Enciso, en el que venía Vasco Núñez de Balboa, que indicó el lugar apropiado para fundar en Tierrafirme: un paraje junto a un río (Tanela) donde no había indios flecheros. Estaba pasado el golfo de Urabá y allí se erigió la ciudad de Santa María la Antigua del Darién, base del descubrimiento del Pacífico y de la colonización en Panamá.

Fuente texto e imagenes: Biografiasyvidas.com

Americo Vespuccio.


 (Amerigo Vespucci; Florencia, 1454 - Sevilla, 1512) Navegante italiano cuyo nombre originaría la denominación del continente americano. Como es sabido, Cristóbal Colón murió creyendo que había llegado a las Indias, sin sospechar que aquellas islas de las que había tomado posesión en nombre de la Corona de Castilla pertenecían a un nuevo continente. Un amigo suyo, Américo Vespucio, fue el encargado de decir a la vieja Europa que las tierras halladas por Colón no eran las asiáticas, sino que formaban parte de una "cuarta pars" del mundo a la que daría su nombre involuntariamente. Este hombre, insignificante frente a la gran figura de Colón, también murió sin conocer los efectos de su revolucionaria noticia: la póstuma gloria, derivada de ese bautismo casual, para él y para su linaje.
 merigo Vespucci era un florentino que había llegado a España como empleado de comercio poco antes de la primera salida de Colón. La casa bancaria de los Médicis lo envió a Castilla para una misión mercantil por cuenta de un tal Beraldi, y el italiano se acomodó en las cercanías de la corte estableciendo contactos y proyectando negocios con algunos destacados señores. Cuando el 15 de marzo de 1493 regresó Cristóbal Colón de su primera singladura y habló de las inmensas riquezas encontradas, las casas comerciales de Génova y Venecia empezaron a especular con la posibilidad de abrir nuevas rutas para el transporte de las especias, producto codiciadísimo en aquella época. También los Médicis trataron de informarse con vistas a orientar sus futuros negocios, y posiblemente las primeras noticias de la hazaña de Colón llegaron a ellos a través de las cartas, más o menos precisas, de Vespucio.
La repentina muerte de Beraldi, sin embargo, dejó a Américo sin patrón y sin medios de vida. Así nació su propósito de emprender él mismo viaje a las Indias, lo que hizo en 1497 y luego en mayo de 1499. En esta segunda expedición, dirigida por Alonso de Ojeda, siguió la ruta del tercer viaje de Colón: el 4 de mayo de 1499, las naves zarparon del Puerto de Santa María y, tras veinticinco días de navegación, llegaron a la desembocadura del Orinoco, ya descubierta por Colón, e iniciaron el recorrido de la costa en dirección norte. Las características geográficas de la costa baja e inundable, así como los accidentes previos a la entrada al lago Maracaibo, recordaron Venecia a Américo Vespucio y, por ello, llamó a aquellas tierras Venezuela o pequeña Venecia. La expedición de Ojeda prosiguió su exploración hasta alcanzar el cabo de Vela, en la actual Colombia, y los cartógrafos fijaron por primera vez parte del contorno de las tierras descubiertas.
A su regreso, Vespucio continuó con su labor informativa para los Médicis y, según parece, se dispuso a emprender nuevos viajes. Aunque la autenticidad de sus posteriores expediciones ha sido puesta en duda por numerosos historiadores, el mismo Vespucio da cuenta en sus cartas de dos más. En el tercer viaje, al servicio del rey de Portugal, asegura haber costeado Brasil y regresado a Lisboa en julio de 1502; y en el cuarto, también por cuenta portuguesa, debió de recorrer de nuevo las costas brasileñas a finales de 1503, confirmando sus sospechas de que aquel continente no era Asia. Lo cierto es que en 1504 se publicó en Augsburgo el opúsculo Mundus Novus (Nuevo Mundo), donde se reproducía una carta de Vespucio a Lorenzo de Médicis en la que narraba sus viajes, y al año siguiente se imprimía su segunda obra, Lettera di Amerigo Vespucci delle isole nuovamente ritrovate in quattro suoi viaggi, en la que expresaba su convencimiento de que entre Europa y Asia existían nuevas tierras.
Tan extraordinarias revelaciones fascinaron al cosmógrafo alemán Martin Waldseemüller, quien decidió editar en 1507 las cartas de Vespucio junto a su Cosmographiae Introductio. En este trabajo incluía los retratos de Ptolomeo y Vespucio, y en su prefacio escribió: "Ahora que esas partes del mundo han sido extensamente examinadas y otra cuarta parte ha sido descubierta por Américo Vespucio, no veo razón para que no la llamemos América, es decir, tierra de Américo, su descubridor, así como Europa, África y Asia recibieron nombres de mujeres."

El nombre de América empezó a difundirse y a inundarlo todo. Poco antes, en 1505, Amerigo Vespucci se había convertido en Américo Vespucio al serle concedida la naturalización en los reinos de Castilla y León. Su fama como marino y comerciante había crecido considerablemente, hasta el punto de llevarle a participar en la Junta de Burgos al lado de marinos, descubridores y cartógrafos tan ilustres como Pinzón, Solís y Juan de la Cosa en 1507, y a ser nombrado piloto mayor de la Casa de Contratación al año siguiente.
A su muerte, acaecida en 1512, el Nuevo Mundo se había convertido definitivamente en América. Pasados algunos años, Waldseemüller tuvo noticias del verdadero descubridor del cuarto continente y quiso enmendar su yerro en una nueva edición de su obra que vio la luz en 1516. Era demasiado tarde y nadie le escuchó. Sólo un trozo de tierra americana adoptó el apellido del almirante pionero: Colombia. A principios del siglo XIX, Simón Bolívar soñó con un vasto país llamado Gran Colombia e intentó infructuosamente dar vida a su sueño. Hubiera sido una mediana compensación para el hombre que protagonizó la más deslumbrante epopeya de la Era Moderna, pero el destino tampoco la permitió.

Fuente texto e imagen: Biografiasyvidas.com

Pedro Alvarez Cabral

Navegante portugués, considerado el «descubridor» del Brasil (Belmonte, h. 1467/68 - cerca de Santarem, h. 1520/25). De familia noble, fue nombrado almirante por el rey Manuel I, el Afortunado. Aunque el español Vicente Yáñez Pinzón llegó poco antes que él a las costas del nordeste del Brasil y la desembocadura del Amazonas, fue Cabral quien tomó posesión del territorio en nombre de Portugal en el año 1500. Había llegado a las costas meridionales brasileñas a la cabeza de la segunda expedición que los portugueses enviaban a la India; parece que se desvió accidentalmente de su ruta al adentrarse en el Atlántico en busca de vientos que le empujaran hacia el sur, aunque es posible que buscara conscientemente visitar las tierras americanas que le habían correspondido a Portugal en el reparto con Castilla realizado por el Tratado de Tordesillas (1494). Después de una breve escala, partió de nuevo hacia la India bordeando África por el sur, exploró las costas de Mozambique y llegó hasta Calcuta. Regresó a Lisboa en 1501.

Fuente: Biografiasyvidas.com

Vasco Nuñez de Balboa.


(Jerez de los Caballeros, España, 1475 - Acla, actual Panamá, 1519) Descubridor español. De origen gallego y linaje incierto, es probable que fuera hijo del hidalgo Nuño Arias de Balboa y de una dama de Badajoz.
En 1501 emprendió su primer viaje con la expedición de Rodrigo de Bastidas a través de las islas del Caribe que pertenecen a la actual Colombia (Santa Marta, Cartagena y golfo de Urabá o Darién). Permaneció en La Española, pero no tuvo suerte en ella y se vio obligado a abandonarla.
En 1508, Alonso de Ojeda y Diego de Nicuesa crearon dos nuevas gobernaciones en las tierras comprendidas entre los cabos de la Vela (Venezuela) y de Gracias a Dios. A la más oriental denominó Nueva Andalucía, y a la situada al oeste del golfo de Urabá, Castilla del Oro. Un año más tarde huyó de sus acreedores de Santo Domingo y se embarcó como polizón en la expedición mandada por Enciso que salía al encuentro de Fernando Alonso de Ojeda, quien había fundado el establecimiento de San Sebastián de Urabá, en Nueva Andalucía, dejando en él a un grupo de hombres al mando de Francisco Pizarro.
Poco después de su llegada, Balboa adquirió popularidad entre sus compañeros gracias a su carisma y a su conocimiento de la tierra. Más tarde, el regimiento se trasladó a Darién, donde Balboa fundó en 1510 el primer establecimiento permanente en tierras continentales americanas, Santa María de la Antigua del Darién. Elegido alcalde, envió emisarios a Nicuesa invitándolo a establecerse como gobernador en la Antigua, pero éste consideró el gesto como una intromisión y encabezó una misión de castigo contra Balboa, pero éste venció, y Nicuesa fue abandonado a su suerte en un barco que se perdió en el mar. 

En 1511, Balboa obtuvo el cargo de gobernador; movido por el propósito de descubrir el mar del que hablaban los indígenas, se internó en el continente y el 25 de septiembre de 1513 culminó una de las mayores hazañas de la conquista española de América, el descubrimiento del Mar del Sur, nombre que dieron entonces al océano Pacífico.
Tras la llegada de Pedrarias Dávila, el nuevo gobernador, Balboa conservó los cargos de adelantado de la Mar del Sur y gobernador de Panamá y Coiba, y emprendió la exploración de la costa pacífica. Al tener noticias de que su suegro iba a ser sustituido, regresó a Acla para prestarle apoyo, pero Pedrarias lo acusó de conspirar contra la Corona, y el descubridor fue juzgado, condenado a muerte y ejecutado en Acla.

Fuente: Biografiasyvidas.com

Bartolomeu Dias

Bartolomeu Dias de Novaes, llamado Bartolomé Díaz por los españoles; ?, hacia 1450 - cerca del cabo de Buena Esperanza, 1500) Navegante portugués que dobló por primera vez el cabo de Buena Esperanza, preparando así el camino a la definitiva expedición de Vasco da Gama (1497-1499), que llegaría hasta la India y supondría la apertura de una nueva ruta comercial entre Europa y Asia.

Bartolomeu Dias

Descendiente de Dinis Dias, descubridor de Cabo Verde, Bartolomeu Dias realizó en 1487-88 un viaje a la costa africana por encargo de Juan II, en busca del mítico Preste Juan y de otras noticias traídas por anteriores expediciones portuguesas; sin lograr aquellos objetivos, el viaje recorrió la costa occidental de África hasta doblar el cabo de Buena Esperanza, que llamó «Cabo de las Tormentas» por haberle asaltado allí una terrible. Dias (que en principio no se dio cuenta de ello) había descubierto el paso marítimo entre el océano Atlántico y el Índico por el sur de África. Regresó a Portugal presionado por el descontento de su tripulación, sin haberse adentrado a explorar el nuevo Océano ni sus costas. En lo sucesivo, sin embargo, su carrera declinó, al preferir el rey a otros navegantes, como Vasco da Gama y Cabral, en cuyos viajes figuró Dias como subordinado. Navegando con Cabral participó en el descubrimiento del Brasil (1500) y desapareció durante una tormenta en el cabo de Buena Esperanza (que él mismo había descubierto 12 años antes y que había recibido ya ese nombre por orden de Juan II).


 

A lo largo de la segunda mitad del siglo XV los navegantes portugueses realizaron varios intentos de alcanzar el extremo sur de África, con la intención de encontrar una ruta que les llevase hasta la India y sus especias. Bartolomeu Dias procedía de una familia de marineros, y antes de emprender la decisiva expedición que cruzaría el cabo de Buena Esperanza había ya tomado parte en numerosas expediciones, como el viaje por la costa africana que inició en 1481.
La expedición que le daría fama comenzó en 1487, cuando recibió la orden del rey Juan II de navegar por el litoral africano tan al sur como fuera posible y descubrir si África estaba unida a la India, como proponía el geógrafo Ptolomeo, o era un continente independiente. Se trataba de la culminación de los preparativos del difunto Enrique el Navegante. Y estaba en juego el control del comercio de especias.
La flotilla de tres barcos con la que Bartolomeu Dias se dispuso a llegar hasta el límite sur de África para acceder a la India zarpó de Lisboa en el verano de 1487. A pesar de ser una fuerza muy reducida, su comandante había tomado las precauciones necesarias para que la expedición tuviese éxito. Una de las tres naves estaba destinada exclusivamente al transporte de víveres para tener garantizado su abastecimiento, y había reclutado como intérpretes a varios nativos de la costa africana. Los expedicionarios navegaron con rumbo sur, tal como habían hecho sus predecesores, y, tras dejar el buque con los suministros en la costa de Guinea, prosiguieron su navegación decididos a encontrar el paso que les permitiese acceder a la India.



Dias ante Juan II de Portugal y Leonor
Uno de los hechos más curiosos de esta exploración es que Bartolomeu Dias y sus hombres no se percataron del momento en que superaban el cabo de Buena Esperanza y entraban en el océano Índico. Una fuerte tormenta sorprendió las dos naves, y cruzaron el mítico lugar mientras se debatían contra la fuerza de los vientos y la mar. Una vez salvado el temporal, Dias buscó la costa navegando hacia el este, como había hecho siempre, pero en esta ocasión no encontró tierra y cambió el rumbo hacia el norte. El 3 de febrero de 1488 arribó a una bahía, a la que puso el nombre de bahía dos Vaqueiros.
Hostigado por los nativos, Dias dio la orden de levar anclas y navegar hacia el este siguiendo la costa, pero a los pocos días su tripulación se negó a seguir adelante y no hubo forma de conseguir que continuara. Bartolomeu Dias decidió entonces emprender el viaje de vuelta, pero antes obligó a la tripulación a firmar un documento en el que se exculpaba al comandante de la expedición de la responsabilidad de no haber seguido hasta la India. Dias era muy consciente de que el enfado del rey por no haber aprovechado tal oportunidad para abrir la ruta de las especias podía poner en peligro su carrera. En el viaje de vuelta, Dias avistó el cabo de Buena Esperanza, con lo que se convenció de que había logrado superar el extremo sur de África. Con esta satisfacción regresó a Portugal, arribando a Lisboa en diciembre de 1488.
En los años siguientes, Bartolomeu Dias continuó vinculado a la exploración naval. En 1494 se encargó de preparar la flota que habría de llevar a Vasco da Gama hasta la India y navegó él mismo hasta Cabo Verde, en la costa africana, donde estableció un puesto avanzado para el comercio. Años más tarde, en 1500, Dias se unió como capitán de uno de los barcos a la expedición de Pedro Álvares Cabral, con destino a la India. Los vientos desviaron a la flota hacia el oeste, y los portugueses acabaron recalando en la costa de Brasil, en América. Un mes después, la flota volvió a zarpar con rumbo este, cruzó el Atlántico y se dispuso a flanquear el cabo de Buena Esperanza. Sin embargo, pronto se vieron envueltos en una terrible tormenta que hundió varias naves, entre ellas, la de Bartolomeu Dias, que pereció en las aguas.

Fuente de texto e imagenes: Biografiasyvidas.com.

Vasco de Gama


Navegante portugués (Sines, Alentejo, 1469 - Cochin, India, 1524). En 1497-99 descubrió la ruta marítima que unía Europa con Asia bordeando el sur de África, con lo que puso las bases para la construcción del Imperio portugués en Oriente, enriqueció a su país, debilitó la presencia musulmana en el océano Índico y desplazó las rutas comerciales del Mediterráneo hacia el Atlántico.

Da Gama completó así la empresa colectiva de exploración que habían impulsado los portugueses desde tiempos de Enrique el Navegante y que había llevado a Bartolomeu Dias a doblar el cabo de Buena Esperanza en 1488. La expedición de Da Gama, compuesta por cuatro barcos, no bordeó la costa africana occidental -como era costumbre-, sino que se adentró en el Atlántico navegando hacia el sur desde Cabo Verde y girando luego al este para alcanzar el extremo sur del continente. Desde allí remontó la costa africana oriental hasta la actual Kenia, desde donde un piloto hindú le condujo a Calcuta (1498).
El éxito de aquel viaje hizo que el rey encomendara a Da Gama una nueva expedición a la India en 1502, con una misión de represalia por los ataques que habían sufrido los hombres de Cabral; empleando la fuerza con extrema crueldad, Da Gama asentó en aquella ocasión el dominio comercial portugués sobre la India. Fue ampliamente recompensado por el rey y en 1524 volvió a la India como virrey, cargo en el que murió.

Fuente imagen y texto: Biografiasyvidas.com

Enrique "El navegante"


(Oporto, 1394 - Vila do Infante, Portugal, 1460) Infante de Portugal. Hijo del rey Juan I de Portugal y de Felipa de Lancaster, compartió con sus hermanos mayores, Duarte y Pedro, una esmerada formación humanística, especialmente notable en disciplinas como la política y la literatura, y en el arte de la guerra. En 1415, con tan sólo veintiún años, demostró sus aptitudes militares en el transcurso de la conquista de Ceuta, ciudad de la que posteriormente fue gobernador. De regreso en Portugal, recibió los títulos de duque de Viseu y señor de Covilha.
Poco tiempo después fundó en Sagres, poblacion situada en el Algarve, un centro de estudios náuticos, geográficos y astronómicos, por el que pasaron los más destacados navegantes y cartógrafos de la época y desde donde el príncipe organizó diversas expediciones marítimas a las costas occidentales del continente africano, empresas que tenían una finalidad tanto comercial como evangelizadora.
Tras algunos viajes a las costas marroquíes y de reconocimiento de Madeira (1418) y las Azores (1432), Gil Eanes, en 1434, inició la etapa de los grandes descubrimientos geográficos lusitanos al doblar el cabo Bojador, límite meridional de las exploraciones portuguesas en época medieval. Unos años más tarde, Nuno Tristão llegó al cabo Blanco (1443) y a la desembocadura del río Gambia (1446). 
 La última expedición financiada por Enrique el Navegante culminó con el descubrimiento, en 1456, de las islas de Cabo Verde y del río Senegal por Alvise da Cadamosto. Gracias al mecenazgo del infante, las técnicas de navegación experimentaron un avance sin precedentes en Portugal, progreso que, algunos años después de su muerte, acaecida el 13 de noviembre de 1460, permitiría a Bartolomeu Dias doblar el cabo de Buena Esperanza y abrir una nueva ruta comercial a Asia bordeando las costas de África (1487).

Fuente: Biografiasyvidas.com

Juan Sebastian Elcano


Navegante español que completó la primera vuelta al mundo (Guetaria, Guipúzcoa, 1476 - océano Pacífico, 1526). Las primeras noticias que se tienen de él le presentan como un marino vasco con amplios conocimientos náuticos, que participó en la expedición de Cisneros a Argel (1509) y en las campañas de Italia del Gran Capitán.

En 1518 conoció en Sevilla al navegante portugués Magallanes, que preparaba una expedición al servicio de España para buscar la ruta a las Indias navegando hacia el Oeste. Elcano se enroló en la expedición, que partió de Sanlúcar de Barrameda en 1519 y exploró el Río de la Plata y la Patagonia; allí ayudó Elcano a sofocar un primer motín, pero participó en un segundo intento contra Magallanes, el cual le perdonó la vida, sea por no hallarle culpable o por considerarle imprescindible para continuar el viaje (1520).
Con Elcano reducido a un papel secundario, la expedición descubrió el paso del Atlántico al Pacífico por el sur del continente americano, así como las islas Marianas y las Filipinas. Cuando Magallanes murió en un combate con los indígenas de las isla filipina de Mactam (1521) la expedición quedó bajo el mando, sucesivamente, de varios de sus capitanes que se disputaban el poder, mientras continuaban explorando las islas, entablando relaciones con los jefes locales y buscando denodadamente la ruta a las Molucas.
Finalmente, un triunvirato encabezado por Elcano se hizo con el mando de lo que quedaba de la flota, argumentando que los jefes portugueses (incluido Magallanes) habían eludido a propósito las Molucas para no perjudicar a Portugal, que poseía el lucrativo monopolio del comercio de las especias navegando hasta aquellas islas alrededor de África y a través del océano Índico (1521). 

Tras alcanzar las Molucas y establecer tratados con los príncipes nativos, adquirieron un cargamento de especias y se dispusieron a regresar. Sin embargo, una avería en una de las dos naos que quedaban hizo que la expedición se separara: la nao averiada se quedaría en las Molucas hasta su reparación y regresaría a tierras españolas de América cruzando el Pacífico; mientras que Elcano regresaría con la nao Victoria a la Península por la ruta portuguesa.
Este último viaje fue una hazaña difícil y peligrosa, pues a las dificultades propiamente marítimas (como la de doblar el cabo de Buena Esperanza) se añadía la necesidad de cruzar el Índico y bordear el continente africano sin hacer escalas, por miedo a ser capturados por los portugueses, que ya habían enviado una flota para hacer fracasar el empeño de Magallanes. 

Elcano consiguió dominar la impaciencia de la tripulación, ansiosa de bajar a tierra desde que pasaran ante las costas de Mozambique; pero la falta de víveres le obligó finalmente a repostar en las islas de Cabo Verde, donde varios tripulantes fueron apresados por el gobernador portugués y el resto hubo de huir apresuradamente. Allí descubrió Elcano que en su cuenta del tiempo llevaban un día de menos, consecuencia de haber dado una vuelta completa al mundo. Por fin, la expedición llegó a Sanlúcar de Barrameda en 1522, con sólo 18 hombres de los 265 que habían partido de allí mismo tres años antes.
El emperador Carlos V recibió a Elcano en audiencia, aunque no fue muy generoso en las recompensas por su hazaña. Su viaje constituyó un éxito, tanto desde el punto de vista geográfico (pues confirmaba experimentalmente la esfericidad de la Tierra) como económico (ya que la venta de las mercancías en Amberes sufragó sobradamente los costes de la expedición).
Las expectativas de negocio así abiertas hicieron que se fundara en La Coruña una nueva Casa de Contratación destinada a especializarse en el comercio de las especias. Desde allí salió una segunda expedición, costeada por los Fugger y mandada por Loaisa (un aristócrata, para evitar nuevos problemas de insubordinación); Elcano viajaba, a pesar de sus protestas, como piloto mayor. Pero aquella expedición, que salió de La Coruña en 1525, fracasó por la muerte de Loaisa y de Elcano sucesivamente (1526)

Fuente: Biografiasyvidas.com

Fernando de Magallanes.



 (Oporto, 1480-Mactán, Filipinas, 1521) Explorador y navegante portugués. Miembro de la nobleza portuguesa, estudió náutica y cartografía en Lisboa. A los veinticinco años, integró la expedición a la India mandada por Francisco de Almeida. En su siguiente viaje, esta vez a Marruecos y bajo las órdenes del duque de Braganza, resultó herido. 

El monarca portugués, Manuel I el Afortunado, que disponía de un informe desfavorable acerca de la conducta de Magallanes en esta última misión, rechazó por dos veces un proyecto del marino para explorar nuevas rutas hacia Oriente, por lo que aquél decidió probar suerte en España. Llegó a Sevilla en octubre de 1517 y desde allí se dirigió a la corte, que a la sazón se encontraba en Valladolid. En ese mismo año contrajo matrimonio con Beatriz Barbosa, hija de un importante oficial sevillano, quien le dio un hijo varón, Rodrigo.
Magallanes tenía la convicción de que debía existir un paso al sur de la costa sudamericana para llegar a la India por occidente, paso que ya había buscado sin éxito Juan Díaz de Solís. La posibilidad de encontrar una ruta alternativa para llegar a Oriente a través del océano Atlántico era de vital interés para la monarquía española, ya que la costa africana estaba bajo el control de su principal rival en el comercio de especias, Portugal.
Tras renunciar a la nacionalidad portuguesa, y con el apoyo del astrónomo portugués Ruy de Faleiro y del obispo Fonseca, logró interesar en el proyecto al rey Carlos I, quien puso a su disposición cinco naves: Trinidad, San Antonio, Concepción, Victoria y Santiago, con una tripulación de 270 hombres de distintas razas y nacionalidades. Fue nombrado gobernador de las tierras que pudiera descubrir y se le otorgó la veinteava parte de los eventuales beneficios de la expedición.
La flota zarpó de Sevilla en septiembre de 1519, luego de un fallido intento portugués de sabotear el viaje. Faleiro, víctima de un ataque de locura, se quedó en tierra. El contingente pasó por el archipiélago de las Canarias, siguió viaje hasta la costa del Brasil y dobló luego hacia el sur, donde exploró el estuario del Plata. En la bahía de San Julián, Patagonia, la expedición se estableció para invernar, período en el que se perdieron dos naves, una por accidente y la otra por deserción; además, el marino hubo de sofocar un motín. 

Por fin, el 21 de octubre de 1520 accedieron al estrecho que lleva hoy su nombre, que les permitió contornear el continente americano, al que él denominó de «Todos los Santos». Poco más de un mes después, encontraban al otro lado un océano de aguas tranquilas (que recibiría luego el nombre de océano Pacífico), ante cuya vista el aguerrido navegante lloró de emoción.
Siguieron rumbo al norte, primero bordeando la costa de Chile para virar luego al noroeste hacia las que se conocen actualmente como islas Marianas (que ellos bautizaron como Islas de los Ladrones), sin agua potable ni provisiones frescas, y con parte de la tripulación enferma de escorbuto. La llegada a aquellas islas les permitió reabastecerse y continuar explorando otras islas que conformaban el archipiélago que hoy lleva el nombre de Filipinas.
Fue en una de ellas, Mactán, donde Magallanes cayó herido de muerte en un enfrentamiento con los indígenas, con lo que se malogró su sueño de completar el primer viaje alrededor del mundo. Esta proeza correspondió al marino de origen vasco Juan Sebastián Elcano (capitán de la nave Concepción), bajo cuyo mando la expedición completó su periplo, primero rumbo a las Molucas, para tocar tierra de España el 6 de septiembre de 1522; arribó una sola nave, con dieciocho supervivientes a bordo y un cargamento de especias.

Fuente de imagen y texto: Biografiasyvidas.com

martes, 7 de febrero de 2012

Robert Falcon Scott



(Davenport, Reino Unido, 1868 - Antártida, 1912) Explorador británico famoso por sus viajes a la Antártida y especialmente por el pulso que sostuvo con el noruego Roald Amundsen en el intento de alcanzar por primera vez el Polo Sur. A principios del siglo XX, tal objetivo se convirtió en una empresa competitiva, en la que coincidieron los intereses científicos y económicos de las naciones europeas y las ambiciones personales de algunos exploradores. Roald Amundsen y Robert Falcon Scott fueron los protagonistas paradigmáticos de esta pugna de aventura y prestigio.
La Antártida es un vasto territorio desértico e inhóspito, de planicies, montañas, volcanes y abismales grietas bajo un manto helado, en cuyos mares periféricos flotan colosales témpanos de hielo como islas; un territorio donde los vientos pueden soplar a más de 200 km/h y las temperaturas descender a casi 90 ºC bajo cero. La conquista de este continente aparecía en las primeras décadas del siglo XX como un ineludible desafío para el hombre occidental. Las expediciones al Polo Sur, bajo condiciones topográficas difíciles, precisan de una preparación minuciosa, y a menudo requieren estancias de varios inviernos. Dominar este soberbio medio físico y lograr el éxito personal fueron los acicates de una dramática carrera en la que, aun a costa de la vida, sólo valía vencer.

A pesar de su débil constitución física y de su salud quebradiza, Robert Falcon Scott logró ingresar a los trece años en la Armada Real británica. Cinco años más tarde, en 1886, entró a formar parte de la escuadra de las Indias Occidentales, que se encontraba al mando del famoso explorador ártico Albert Hasting Markham. Por su buen hacer y dedicación a la marina, Scott fue promovido, en 1891, al puesto de lugarteniente a bordo de la nave Majestic, capitaneada por George Egerton, otra leyenda viva de la marina británica. Scott se especializó en expediciones marítimas de interés científico.
Ya en el último decenio del siglo XIX se habían desarrollado algunas exploraciones antárticas con el objetivo de alcanzar el Polo Sur. El noruego Leonard Kristensen (1895), su compatriota Carsten Borchgrevink (que llegó a alcanzar la latitud 78º 50´ en 1899) y el belga Adrien de Gerlache (1898) habían comenzado a allanar el camino. Los británicos participaban de ese interés por el continente blanco. En 1899, sir Clements Markham, presidente de la Real Sociedad Geográfica de Londres, organizó una importante expedición a la Antártida y eligió a Scott para dirigirla. Markham siguió en ello el consejo de George Egerton, quien consideraba que Scott reunía las cualidades necesarias para una empresa de semejante envergadura: era un buen científico y un excelente oficial. La expedición fue costeada en su mayor parte por el rico industrial Lewellyn Longstaff.
El primer viaje
El barco de la expedición sería el Discovery, que zarpó de Inglaterra en 1901. En cuanto llegaron a las costas antárticas, Scott exploró la gran barrera de hielo de Ross Shelf y estableció en el estrecho de McMurdo una base terrestre en la que la expedición pasó un invierno rigurosísimo. Al inicio de la primavera, Scott y sus hombres continuaron explorando según el plan previsto. Con la ayuda de trineos, descubrieron la que bautizarían como Península de Eduardo VII y penetraron en el corazón del continente antártico hasta latitudes jamás alcanzadas: el 31 de diciembre de 1902, la expedición llegó a la latitud 82º 17´, es decir, 300 millas más al sur que Borchgrevink. La falta de víveres y la aparición del escorbuto entre algunos miembros de la expedición impidieron avanzar más allá. La expedición se dio por concluida y sus miembros regresaron a Inglaterra en 1904.
En Inglaterra, Scott fue ascendido al grado de capitán de marina y condecorado con la medalla de oro concedida por la Real Sociedad Geográfica de Londres. Por aquel entonces conoció a su futura esposa, Kathleen Bruce, y escribió El viaje del Discovery, obra en la que narraba con realismo las peripecias de la expedición a la Antártida. Dedicado a su gran amigo y padre de la expedición, sir Clements Markham, el libro fue un gran éxito de ventas.
La segunda expedición
A comienzos de 1905, Scott inició una campaña por todo el país con el objeto de recabar fondos para una segunda aventura expedicionaria al Polo Sur. Pero, pese al éxito científico de su primera misión y a ser considerado un héroe, no encontró apoyos suficientes para retornar al continente helado enseguida. Finalmente, Scott se hizo con los servicios del buque Terranova y experimentó con los primeros vehículos motorizados para la nieve. Desechó la idea de utilizar perros para tirar de los trineos, prefiriendo el empleo de potros siberianos, a los que erróneamente creía mejor preparados para la nieve y las bajas temperaturas. En caso de muerte, pensaba, los animales servirían para alimentar a la expedición. Esta equivocada apreciación iba a ser una de las causas del trágico final de la aventura.
El 10 de junio de 1910, el Terranova zarpó de Inglaterra con dirección a Australia con todos los pertrechos de la expedición y un equipo de más de treinta personas. Entre ellas se encontraban Lawrence Oates, oficial de caballería, los lugartenientes Edward Evans y Henry R. Bowers y el doctor Edward Wilson, gran amigo de Scott. El 10 de octubre, el Terranova llegó a Melbourne, desde donde se dirigió sin más dilación a la Antártida.
Durante su corta estancia en tierras australianas, Scott recibió un aviso de su más serio competidor, el noruego Amundsen, que, desde la bahía de Whales, le aconsejaba abandonar. Amundsen se disponía a realizar la misma gesta y no quería competidores. Scott, lejos de desistir, resolvió seguir adelante e intentar con todos los medios coronar con éxito la expedición; se inició así una angustiosa carrera entre ambos exploradores.

Amundsen partía con ventaja respecto a la expedición de Scott. La dilatada experiencia en exploraciones por tierras frías (había comenzado a los quince años) había hecho de Amundsen un experto conocedor del entorno; sabía mucho mejor qué tipo de material era adecuado (anoraks de piel, perros, piquetas, palas quitanieves). Frente a ello, el equipamiento de la expedición británica, tirada por potros y vestida con uniformes de la marina británica, no era precisamente el más idóneo.
El 10 de diciembre de 1910, el Terranova llegó al estrecho de McMurdo; surcó el mar de Ross hasta atravesar, en diciembre del mismo año, el círculo polar antártico. A partir de ese momento, Scott y sus compañeros emprendieron un inhumano viaje de 2.464 kilómetros desde su posición hasta el Polo Sur. Los trineos mecánicos quedaron pronto inmovilizados en el hielo, ya que sus motores no soportaban las bajas temperaturas de la Antártida. El 17 de febrero de 1911, la expedición topó con nuevas dificultades en el ascenso del glaciar Beardmore; perdieron ocho potros y cinco perros de los treinta y tres que llevaban (Amundsen utilizó para la misma gesta más de cien perros). Los expedicionarios se vieron obligados a acarrear ellos mismos una gran parte de los pertrechos, demorando aun más una travesía ya de por sí durísima.
El 4 de enero de 1912, Scott y sus cuatro compañeros iniciaron la marcha final; en el camino perdieron a todos los animales de tiro que quedaban. El 12 de enero, tras incontables sufrimientos de todo tipo por el ritmo frenético que se impusieron, la expedición llegó al Polo Sur. Con terrible desilusión, vieron la tienda y la bandera noruega dejada por Amundsen cinco semanas antes. Scott escribió en su diario: "¡Dios mío, éste es un lugar espantoso! Y espantoso sobre todo para nosotros, que nos hemos esforzado tanto sin vernos premiados por la prioridad..."

Amundsen partía con ventaja respecto a la expedición de Scott. La dilatada experiencia en exploraciones por tierras frías (había comenzado a los quince años) había hecho de Amundsen un experto conocedor del entorno; sabía mucho mejor qué tipo de material era adecuado (anoraks de piel, perros, piquetas, palas quitanieves). Frente a ello, el equipamiento de la expedición británica, tirada por potros y vestida con uniformes de la marina británica, no era precisamente el más idóneo.
El 10 de diciembre de 1910, el Terranova llegó al estrecho de McMurdo; surcó el mar de Ross hasta atravesar, en diciembre del mismo año, el círculo polar antártico. A partir de ese momento, Scott y sus compañeros emprendieron un inhumano viaje de 2.464 kilómetros desde su posición hasta el Polo Sur. Los trineos mecánicos quedaron pronto inmovilizados en el hielo, ya que sus motores no soportaban las bajas temperaturas de la Antártida. El 17 de febrero de 1911, la expedición topó con nuevas dificultades en el ascenso del glaciar Beardmore; perdieron ocho potros y cinco perros de los treinta y tres que llevaban (Amundsen utilizó para la misma gesta más de cien perros). Los expedicionarios se vieron obligados a acarrear ellos mismos una gran parte de los pertrechos, demorando aun más una travesía ya de por sí durísima.
El 4 de enero de 1912, Scott y sus cuatro compañeros iniciaron la marcha final; en el camino perdieron a todos los animales de tiro que quedaban. El 12 de enero, tras incontables sufrimientos de todo tipo por el ritmo frenético que se impusieron, la expedición llegó al Polo Sur. Con terrible desilusión, vieron la tienda y la bandera noruega dejada por Amundsen cinco semanas antes. Scott escribió en su diario: "¡Dios mío, éste es un lugar espantoso! Y espantoso sobre todo para nosotros, que nos hemos esforzado tanto sin vernos premiados por la prioridad..."

Pero aún no había pasado lo peor. Cansados y casi sin víveres, la expedición emprendió el camino de vuelta. El primero en morir fue el lugarteniente Evans, cuyo debilitamiento le impidió seguir a sus compañeros. Después le siguió el capitán Oates, quien, agotado y enfermo, tomó una dramática decisión que quedó escrita en el diario de Scott: "Por aquí murió el capitán Oates, de los Dragones de Inniskilling. En marzo de 1912 caminó voluntariamente hacia la muerte, bajo una tormenta, para tratar de salvar a sus camaradas, abrumados por las penalidades".
Aun en esas penosas condiciones, los tres supervivientes (el lugarteniente Bowers, el doctor Edward Wilson y Scott) caminaron durante más de un mes hasta que una prolongada ventisca les impidió llegar a un depósito de víveres que habían dejado. El cansancio y la inanición les impidió continuar el viaje y debieron permanecer en el interior de las tiendas agonizando lentamente. Se hallaban a sólo 18 kilómetros del campamento base, instalado en el cabo Evans. Robert Falcon Scott fue el último en morir. Tenía cuarenta y cuatro años y había perdido una carrera decisiva. Escribió las últimas líneas en su diario el 29 de marzo de 1912: "Parece una pena, pero no creo que pueda seguir escribiendo. Por Dios santísimo, cuiden de nuestra gente".
El cuerpo de Scott, junto con los de Wilson y Bowers, fueron hallados por una expedición que salió en su busca desde cabo Evans ocho meses después. Todos habían muerto en el interior de la tienda donde descansaban. En la tienda se hallaron también notas científicas, documentación personal y muestras que habían recogido; y, junto a Scott, su diario, que permanecía intacto. Todos esos documentos formarían parte de la obra La última expedición de Scott, publicada en 1913.

Roald Amundsen



(Borje, Noruega, 1872-En el Ártico, 1928) Explorador noruego. Su primera estancia en el Ártico data de 1897, durante la expedición del Gerlache. En 1903 descubrió el paso del Noroeste y bordeó la costa norte de Canadá a bordo del Gjoa. Su propósito principal era la conquista del polo Norte, pero cuando preparaba la expedición para alcanzar este objetivo, tuvo noticias de que el estadounidense Robert Peary se le había adelantado.

Hombre de gran flexibilidad, modificó sobre la marcha sus planes y se dirigió hacia la Antártida, con la intención de ser el primero en llegar al polo Sur. Gracias a la preparación física y técnica de la expedición, basada en el uso de trineos tirados por perros y la participación de esquiadores experimentados, así como en amplios conocimientos del terreno, consiguió ser el primero en alcanzar el polo Sur, el 14 de diciembre de 1911, e izó allí la bandera noruega. De esta manera superó por escaso margen a la desgraciada expedición del capitán Robert Scott, que llegó al mismo lugar pocas semanas después.
Sus restantes expediciones, que efectuó una vez finalizada la Primera Guerra Mundial, tuvieron por objetivo alcanzar el polo Norte, su gran sueño, que nunca vería cumplido. En 1925, con tres aviones, estuvo más cerca del polo de lo que nadie había estado antes, a excepción de Peary.
En 1926 efectuó un nuevo intento a bordo del dirigible de construcción italiana Norge, mandado por Umberto Nobile, con el que sobrevoló el polo el 12 de abril. Tras el accidente de Nobile y su nuevo dirigible, el Italia, en 1928, Amundsen partió el 18 de julio, en hidroavión, al rescate del italiano, empresa en la que encontró la muerte.

Cristóbal Colón



Descubridor de América (Génova?, 1451 - Valladolid, 1506). El origen de este navegante, probablemente italiano, está envuelto en el misterio por obra de él mismo y de su primer biógrafo, su hijo Hernando. Parece ser que Cristóbal Colón empezó como artesano y comerciante modesto y que tomó contacto con el mar a través de la navegación de cabotaje con fines mercantiles.
En 1476 naufragó la flota genovesa en la que viajaba, al ser atacada por corsarios franceses cerca del cabo de San Vicente (Portugal); desde entonces Colón se estableció en Lisboa como agente comercial de la casa Centurione, para la que realizó viajes a Madeira, Guinea, Inglaterra e incluso Islandia (1477).
Luego se dedicó a hacer mapas y a adquirir una formación autodidacta: aprendió las lenguas clásicas que le permitieron leer los tratados geográficos antiguos (tomando conocimiento de la idea de la esfericidad de la Tierra, defendida por Aristóteles); y empezó a tomar contacto con los grandes geógrafos de la época (como el florentino Toscanelli).

De unos y otros le vino a Cristóbal Colón la idea de que la Tierra era esférica y de que la costa oriental de Asia podía alcanzarse fácilmente navegando hacia el oeste (ya que una serie de cálculos erróneos le habían hecho subestimar el perímetro del Globo y suponer, por tanto, que Japón se encontraba a 2.400 millas marinas de Canarias, aproximadamente la situación de las Antillas). Marineros portugueses versados en la navegación atlántica le informaron seguramente de la existencia de islas que permitían hacer escala en la navegación transoceánica; e incluso es posible que, como aseguran teorías menos contrastadas, tuviera noticia de la existencia de tierras por explorar al otro lado del Océano, procedentes de marinos portugueses o nórdicos (o de los papeles de su propio suegro, colonizador de Madeira).
Con todo ello, Colón concibió su proyecto de abrir una ruta naval hacia Asia por el oeste, basado en la acertada hipótesis de que la Tierra era redonda y en el doble error de suponerla más pequeña de lo que es e ignorar la existencia del continente americano, que se interponía en la ruta proyectada. El interés económico del proyecto era indudable en aquella época, ya que el comercio europeo con Extremo Oriente era extremadamente lucrativo, basado en la importación de especias y productos de lujo; dicho comercio se realizaba por tierra a través de Oriente Medio, controlado por los árabes; los portugueses llevaban años intentando abrir una ruta marítima a la India bordeando la costa africana (empresa que culminaría Vasco da Gama en 1498).
Colón ofreció su proyecto al rey Juan II de Portugal, quien lo sometió al examen de un comité de expertos. Aunque terminó acepando la propuesta, el monarca portugués puso como condición que no se zarpase desde las Canarias, pues en caso de que el viaje tuviera éxito, la Corona de Castilla podría reclamar las tierras conquistadas en virtud del Tratado de Alcaçobas. Colón encontró demasiado arriesgado partir de Madeira (sólo confiaba en los cálculos que había trazado desde las Canarias) y probó suerte en España con el duque de Medina Sidonia y con los Reyes Católicos, que rechazaron su propuesta por considerarla inviable y por las desmedidas pretensiones de Colón.
Finalmente, la reina Isabel aprobó el proyecto de Colón por mediación del tesorero del rey, Luis de Santángel, a raíz de la toma de Granada, que ponía fin a la reconquista cristiana de la Península frente al Islam (1492). La reina otorgó las Capitulaciones de Santa Fe, por las que concedía a Colón una serie de privilegios como contrapartida a su arriesgada empresa; y financió una flotilla de tres carabelas -la Pinta, la Niña y la Santa María-, con las que Colón partió de Palos el 3 de agosto de 1492.
Navegó hasta Canarias y luego hacia el oeste, alcanzando la isla de Guanahaní (San Salvador, en las Bahamas) el 12 de octubre; en aquel viaje descubrió también Cuba y La Española (Santo Domingo) e incluso construyó allí un primer establecimiento español con los restos del naufragio de la Santa María (el fuerte Navidad). Persuadido de que había alcanzado las costas asiáticas, regresó a España con las dos naves restantes en 1493.

Colón realizó tres viajes más para continuar la exploración de aquellas tierras: en el segundo (1493-96) tocó Cuba, Jamaica y Puerto Rico y fundó la ciudad de La Isabela; pero hubo de regresar a España para hacer frente a las acusaciones surgidas del descontento por su forma de gobernar La Española. En el tercer viaje (1498-1500) descubrió Trinidad y tocó tierra firme en la desembocadura del Orinoco; pero la sublevación de los colonos de La Española forzó su destitución como gobernador y su envío prisionero a España.
Tras ser juzgado y rehabilitado, se le renovaron todos los privilegios -excepto el poder virreinal- y emprendió un cuarto viaje (1502) con prohibición de acercarse a La Española; recorrió la costa centroamericana de Honduras, Nicaragua, Costa Rica y Panamá. Regresó a España aquel mismo año y pasó el resto de su vida intentando conseguir mercedes reales para sí mismo y para sus descendientes, pues el rey Fernando intentaba recortar los privilegios concedidos ante las proporciones que iba tomando el descubrimiento y la inconveniencia de dejar a un advenedizo como único señor de las Indias.
Colón había descubierto América fortuitamente como consecuencia de su intuición y fuerza de voluntad. Aunque fracasó en su idea original de abrir una nueva ruta comercial entre Europa y Asia, abrió algo más importante: un «Nuevo Mundo» que, en los años siguientes, sería explorado por navegantes, misioneros y soldados de España y Portugal, incorporando un vasto imperio a la civilización occidental y modificando profundamente las condiciones políticas y económicas del Viejo Continente. Aunque los vikingos habían llegado a América del Norte unos quinientos años antes (expedición de Leif Ericson), no habían dejado establecimientos permanentes ni habían hecho circular la noticia del descubrimiento, quedando éste, por tanto, sin consecuencias hasta tiempos de Colón.

Fuente de texto e imagen: Biografiasyvidas.com

Sir Ernest Henry Shackleton


 (Kilkee, 1874 - Georgia del Sur, 1922) Explorador polar inglés. Se formó en el Dulwich College, y apenas cumplidos los dieciséis años ingresó en la Marina mercante.
 Ya joven oficial, participó en la expedición antártica del capitán Robert Falcon Scott (1901-1904), con quien alcanzó los 82º 17' de latitud Sur. Vuelto a la patria, contrajo matrimonio en 1904 con Emily Mary Dorman, de la cual tuvo tres hijos. Intentó luego el ejercicio de varias profesiones, al mismo tiempo que iba estudiando los mapas y reunía los fondos necesarios para un viaje a la Antártida cuyo objetivo principal era el mismo Polo.
La expedición partió en agosto de 1907 en el pequeño ballenero "Nimrod"; aun cuando logró poner de manifiesto gran parte de los secretos de las regiones antárticas y descubrir el polo magnético austral (16 de enero de 1909), no pudo llegar al Polo, faltándole tan sólo 170 kilómetros (lat. 88º 23'): el agotamiento físico y la falta de víveres forzó a los expedicionarios al prematuro regreso. En 1909 fue publicada la relación del viaje, titulada El corazón del Antártico.
Una nueva expedición (1914-17), todavía más borrascosa que la anterior, quedó descrita en Sur: la historia de la última expedición de Shackleton (South: the Story of Shackleton's Last Expedition, 1919). Detenido en Europa por la guerra, zarpó nuevamente en 1921 a bordo del "Quest" para explorar las regiones apenas conocidas situadas en torno a la Tierra de Enderby; sin embargo, al principio del viaje lo sorprendió una muerte repentina debida a una angina de pecho.

Fuente texto e imagen: Biografiasyvidas.com

James Cook



(Marton, Gran Bretaña, 1728-Kealakekua Bay, Hawai, 1779) Explorador británico. Hijo de un inmigrante escocés ocupado en tareas rurales, asistió a la escuela hasta los doce años. Más tarde, obtuvo trabajo como aprendiz en una empresa naviera, y así entró en contacto con el mar y los barcos, que habrían de ser su gran pasión. Sus habilidades para el oficio en el duro Mar del Norte le valieron que a los veintisiete años se le ofreciera el mando de un barco.

Pero el joven Cook decidió ingresar como voluntario en la Armada Real, donde hizo una brillante carrera. Fue cartógrafo en la costa del Atlántico Norte, y en 1768 llevó a cabo el primero de sus tres grandes viajes de exploración: al mando de la nave Endeavour, transportó a un grupo de astrónomos y al botánico Joseph Banks a la isla de Tahití. De allí siguió hasta Nueva Zelanda, donde cartografió un mapa de la costa tan preciso que se siguió utilizando durante casi un siglo. Además, comprobó que Nueva Zelanda no formaba parte de una estructura continental mayor (como algunos sostenían entonces), para lo cual la circunnavegó por completo.
Cruzó también el estrecho que separa las dos islas mayores y que lleva hoy su nombre. Luego pasó a la costa oriental de Australia, que cartografió y a la que bautizó como Nueva Gales del Sur, además de izar la bandera británica en este territorio. Antes de regresar, navegó también entre las islas de Java y Sumatra y demostró así que eran dos bloques de tierra separados.
Un hecho de suma importancia en este viaje fue que ningún hombre de su tripulación murió de escorbuto, afección que había diezmado muchas expediciones marítimas anteriores. Ello se debió a una especial preocupación de Cook por mejorar las condiciones de higiene y la dieta de sus subordinados durante el viaje, en la que incluyó los cítricos como preventivos de la enfermedad, según un descubrimiento del médico inglés Lind. Una vez en Inglaterra, fue promovido a comandante y presentado al rey Jorge III. 

En 1772, partió al mando de la nave Resolution en busca de la Terra Australis, un continente del cual se pensaba que Australia era sólo una parte. Lo secundaba otro barco, el Adventure. Navegó rumbo sur hasta la Antártida y el 16 de enero de 1773 consiguió atravesar el círculo antártico. Luego llegó a las islas que hoy llevan su nombre (a las que él denominó Hervey), y al año siguiente alcanzó las islas Vanuatu, las Marquesas y la isla de Pascua.
De regreso, descubrió las islas Sandwich del Sur y las Georgias del Sur. Esta expedición demostró que no existía tal continente austral, sino la masa de hielo antártica. A su regreso recibió un nuevo ascenso y fue condecorado con la medalla Copley y nombrado miembro de la Royal Society.
En su tercer gran viaje, en julio de 1776, nuevamente al frente del buque Resolution, fue en busca de un paso entre los océanos Atlántico y Pacífico por el noroeste. En su camino encontró un conjunto de islas nuevas pertenecientes al grupo de las Sandwich, hoy llamadas Hawai. No tuvo éxito en su objetivo original de encontrar aquella comunicación, pero cartografió la costa occidental de Alaska y presentó un informe preciso sobre gran parte de la hidrografía americana con desembocadura en el Atlántico. Llegó hasta el estrecho de Bering, pero hubo de retroceder a causa del hielo.
En el viaje de regreso a Inglaterra, la expedición fondeó de nuevo en las islas Sandwich, en donde debió permanecer más tiempo del previsto a causa de dificultades climáticas que hacían imposible la navegación. Esto generó tensiones con los indígenas del lugar a causa de la escasez de provisiones, y, luego de algunas reyertas, Cook mató a un nativo, y fue a su vez apuñalado mortalmente. Pese a haber pasado gran parte de su vida en el mar, tuvo ocasión de formar una familia; a la edad de treinta y cuatro años casó con Elizabeth Batts, matrimonio del que nacieron seis hijos, la mitad de los cuales murieron en la infancia. De los tres hijos restantes, dos fueron marinos.

Fuente del texto: Biografiasyvidas.com
Fuente de la imagen: theprow.org.nz